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LA CIUDAD QUE NO ME MATA
EL ÚLTIMO LIBRO DE PAUL AUSTER, THE BROOLYN FOLLIES, ES UNA ESPECIE DE HOMENAJE NOSTÁLGICO A NEW YORK, ANTES DE LOS SUCESOS DEL 11 DE SEPTIEMBRE<
Fecha de Publicación: 04/02/2006 | Cultura

Una escalera de piedra, plantas en abundancia y unas botas acordonadas de invierno, ya astrosas de tantas nieves: así es la entrada de la casa del escritor Paul Auster. Su estudio, el lugar donde escribe, queda también en Park Slope, Brooklyn, un barrio con aire de tal en la excesiva ciudad de Nueva York, pero Auster oculta su ubicación. Abre la puerta otra escritora, Siri Hustvedt, la mujer que, según muchos, ayudó a que Auster se convirtiera en el narrador que siempre había querido ser.

Según él, simplemente, ella le salvó la vida.

En una pared del pasillo que conduce al comedor, veintinueve fotos resumen las historias de los dueños de casa. Allí está la familia noruega de Siri, que en su disposición lo cuenta todo: de un lado, la mitad burguesa, bien vestida y llena de niños; del otro, la mitad trabajadora, circunspecta y nerviosa ante el fotógrafo, moderada en la descendencia. Sólo los une ese pelo casi blanco y un matrimonio del cual nacerían Siri y sus tres hermanas. Allí está también la familia de Paul: una imagen quimérica del padre, que lo refleja cinco veces alrededor de una mesa; una señora pequeña, adusta y retacona, la abuela materna que mató al marido; la hermana esquizofrénica. Los tres aparecen en “La invención de la soledad”, primer trabajo autobiográfico de Auster, al que le siguieron -entre otros “A salto de mata” y “El cuaderno rojo”. El panorama termina con un retrato de Auster niño, demasiado parecido al hombre que pregunta si vino tinto o vino blanco. Él y Siri prefieren blanco.

Han dado por finalizado el día de trabajo y, mientras él busca las copas en un cristalero de exquisita madera, ella se mueve sin zapatos el comedor, que hace de recibidor mucho más que los sillones con vista a la calle. Bien podría llevar unos tacos de diez centímetros: es altísima, tanto como él, y le divierte mostrar la foto que llama "Los gigantes y los bailarines de tango": una que los muestra, a ella y a su marido, en una milonga del Abasto que les resultó demasiado turística; se los ve junto a dos bailarines de tango que, a pesar de estar en el primer peldaño de una escalera, siguen sin llegar a los hombros de los Auster.

Hustvedt volverá a Argentina en abril. En la Feria del Libro hablará acerca de su reciente colección de ensayos sobre pintura, Misterios del rectángulo, aunque seguramente le harán firmar ejemplares de su conmovedora última novela, Todo cuanto amé, un best seller en veintidós países.
También asistirá al estreno de una obra de teatro basada en su primera novela, Los ojos vendados, que prepara Gabriela Izcovich. Él no la acompañará, pero acaso por entonces el cineasta Alejandro Chomski haya terminado en su casa de Retiro el guión de El país de las últimas cosas, novela de Auster que considera muy adecuada para esta patria y que comienza así: "Éstas son las últimas cosas -escribía ella-. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más. Puedo hablarte de las que yo he visto, de las que ya no existen; pero dudo que haya tiempo para ello. Ahora todo ocurre tan rápidamente que no puedo seguir el ritmo:

La ropa de Auster, siempre de colores oscuros, resalta el azul claro de sus ojos y desprende un suave aroma a los cigarritos holandeses que fumará durante la entrevista. No ha perdido esa rutina ni la de escribir todos los días de 9 a17, como quien va a la oficina, ni la de usar lapicera y cuadernos de papel. Ha condescendido a pasar en limpio la última versión de sus libros a una computadora, y no a la Olympia portátil alemana a la que le dedicó el texto La historia de mi máquina de escribir. Pero de conectarse a Internet, ni hablar. Mucho menos ahora, que será un clásico cuando la editorial Penguin publique la Trilogía de Nueva York (con prólogo de Luc Sante y portada de Art Spiegelman, el autor de Maus) entre los diez nuevos títulos que ingresen en su colección Penguin Classics.

- La particularidad de The Brooklyn Follies es que se trata de una comedia que, por añadidura, sucede en tiempos de la<

Autor: Gabriela Esquivada
Fuente: Revista


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