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EL CIUDADANO
SE CUMPLIERON SESENTA AÑOS DE LA MUERTE DE EUSEBIO MANSILLA
Fecha de Publicación: 15/03/2013 | Personajes

Junín vive la impresión de la conmovedora manifestación de duelo público que constituyeron los funerales de Eusebio Mansilla, no sólo por su extraordinaria magnitud, sino por el sentimiento de angustia que latía en cada uno de los corazones. Si Mansilla hubiera sido simplemente un gran corredor -aún un corredor de temple heroico, tal cual fue-, no habría penetrado tan hondo ese estremecimiento de dolor ni repercutido en el pesar del país y hasta de los países vecinos. Es que en la intimidad de cada conciencia sentíase necesidad de rendir homenaje a esa plenitud de valores humanos que ha escrito con su entereza una página perdurable de nuestra historia.
Existen otros volantes de su pericia y de su arrojo otros técnicos que dominan como él los secretos de la máquina y el camino, pero la lección de Martilla tiene una dimensión distinta y un ámbito más dilatado que la contingente popularidad de unas horas fugaces. Tiene proyecciones de futuro y pertenece a los fastos de la nacionalidad, porque en una época de falencia de los valores morales, él, un hombre aislado, un hombre humilde, desvalido de poder supo resguardar en la silenciosa firmeza de sus actos, la vigencia de normas esenciales que hacen a la existencia de la República y a las posibilidades de fraternidad y de unión entre los argentinos.
Martilla era un ciudadano de convicciones democráticas y al decirlo no nos referimos a ninguna divisa partidaria, sino a las convicciones de fondo que constituyen los pilares de la existencia nacional, fundada conforme al sueño de Mayo, en la tolerancia, en el respeto al prójimo, a su autonomía de criterio, a su derecho de adoptar posiciones en el juego de las ideas sin sufrir discriminación política en la organización civil de la sociedad, como bases de la convivencia armónica y fraterna que forja el honor de los pueblos libres.
Ese sentido de unión y fraternidad no admite que las discrepancias cívicas, que pertenecen al fuero de la conciencia, sean llevadas a los otros órdenes, ni tengan sanción ni premio a la inversa, la pretensión totalitaria cancela la autonomía del hombre y lo somete, en todos los campos, a los fines del sistema. Así procura hacer del deporte, como de las demás expresiones de la actividad social, meros engranajes al servicio de sus planes de dominación.
El destino se cruzó en el camino de Martilla. Los propios acontecimientos le plantearon una lucha confiada a su espíritu, a su integridad moral, en la defensa de aquella causa democrática que rechaza la intromisión de la política en el deporte, -de cualquier política, como una de las formas de preservar los vínculos de libertad y solidaridad. Es un destino que él no buscó, pero aceptó modesta y serenamente, sin vacilaciones, con reciedumbre que revela su estatura moral y el temple de su alma y le convierte en una de las figuras simbólicas de nuestro tiempo.
Le hubiera bastado una sola palabra y todo lo habría tenido, todo cuanto se relaciona con los aspectos materiales de la vida y seduce y alucina a tantos hombres: riqueza, las grandes máquinas, Europa, fama mundial, el delirio de las muchedumbres, la gloria la alucinante de la publicidad. Prefirió el otro camino, el camino áspero, riesgoso, de la fidelidad a los ideales que dieron nacimiento a nuestra tierra y eligió la pobreza, la máquina que armaba con sus propias manos, la lucha despareja, sin los repuestos y los perfeccionamientos extranjeros, sin la ayuda de los aviones y de los equipos costosos, y la proscripción del monopolio informativo, y el bloqueo y sabotaje a iniciativas, en que puso el corazón, como la Vuelta del Oeste, hasta que su nombre desapareció sustituido por un número. Aceptó tranquilamente el asedio, sin quejarse ni doblegarse, defendiendo su derecho a ser un hombre, un hombre de carne y hueso, con su pensamiento y sus ideas y no un instrumento de la propaganda y todo sin caer tampoco en la tentación de ostentar otro embanderamiento, porque en su actuación deportiva y en su sacrificio no

Fuente: Diario de Hoy


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