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Momentos robot: la desesperación de crear alguien con quien compartir la existencia
Fecha de Publicación: 28/11/2012 | Música, Internet, Cine & TV

La aceleración del cambio es la nueva normalidad. Hasta los descubrimientos más espectaculares que esperamos harán nada más que empujarnos más allá en la montaña rusa de arcos exponenciales que definen la vida moderna. Pero hay un desarrollo que fundamentalmente cambiaría todo, el descubrimiento de la inteligencia no-humana al nivel de la nuestra o inclusive superior. Estudios han argumentado que la búsqueda para la generación de la inteligencia artificial de nuestra especie, está basada en esencia en el sentimiento de soledad, esa soledad descarada, dolorosa y existencial que en principio es la que llena nuestra fe en los dioses, cuya existencia está más allá de la lógica o evidencia. Esto es lo que anima nuestra creencia en espíritus, hadas, duendes, fantasmas y aliens. Por esta razón investigamos la inteligencia de nuestros compañeros animales, con la esperanza de comenzar una conversación. Necesitamos desesperadamente a alguien más con quien hablar.

La primera vez que vimos en el mercado a las tecnologías sociales fue en 1997 con el lanzamiento de Tamagotchi, una criatura en una pantalla pequeña que no se ofrecía a cuidarnos, pero nos pedía que cuidáramos de ella. El Tamagotchi necesitaba ser alimentado y entretenido. Necesitaba que sus propietarios lo limpiaran después de sus desastres digitales. Los Tamagotchis demostraron que en la sociabilidad digital, la crianza es un “aplicación” muy rentable. Nos nutrimos de lo que nos gusta, pero amamos lo que nutrimos. En los primeros días de la inteligencia artificial, el énfasis ha sido en la construcción de artefactos que nos impresionen con su conocimiento y comprensión. Cuando la inteligencia artificial se vuelve más sociable, el juego cambia: los artefactos “relacionales” que siguieron a los Tamagotchis inspiraron sentimientos de conexión, ya que tocaron las fibras “darwinianas” de la gente: nos pidieron que les enseñáramos, hicieron contacto visual, siguieron nuestros movimientos, se acordaban de nuestros nombres. Para la gente, estos son los marcadores de la sensibilidad, que nos señalan, correcta o equivocadamente, que hay alguien que nos acompaña.

Las tecnologías sociables subieron al escenario como juguetes, pero en el futuro, se presentan como potenciales niñeras, maestros, terapeutas, entrenadores de vida, y cuidadores de ancianos. En primer lugar, se presentarán como “mejor que las otras opciones”. (Es mejor tener un robot como entrenador que simplemente leer un libro sobre ejercicio. Si tu mamá está en un asilo de ancianos, es mejor dejar su interacción con un robot que conoce sus hábitos e intereses que dejarla viendo todo el día la televisión.) Pero con el tiempo, los robots se presentarán como “mejor que la opción”, es decir, preferibles a un humano disponible, o en otros casos, a una mascota. Serán promovidos por tener mejores habilidades, de la memoria, la atención y la paciencia, que las personas no siempre comparten. “Nunca sabemos realmente cómo se siente otra persona, la gente siempre esconde sus emociones. Los Robots serían más seguros”. Por más que avancemos en la historia de la ingeniería inteligente, nuestros apegos a la evolución de la tecnología se dirigen a los sentimientos de amor no correspondido.

En Love and Sex with Robots, David Levy argumenta que los robots nos enseñarán a ser mejores amigos y amantes, porque vamos a ser capaces de practicar en ellos, en lo físico y en lo social. Más allá que ésto, los robots pueden sustituir las carencias de la gente. Levy propone, entre otras cosas, las virtudes del matrimonio con robots. Afirma que los robots son “algo diferente”, pero en muchos aspectos mejor. Sin cuernos y sin rupturas de corazón.

Aunque no seamos muy entusiastas con las sugerencias “sci-fi” de Levy, debido a que el hecho de que lleguemos a considerar el matrimonio con robots sería un claro ejemplo de nuestro fracaso como humanos, el argumento de Love and Sex with Robots no deja de ser exótico y nos prepara de alguna manera pa

Fuente: http://pijamasurf.com/


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