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En pareja estoy, en pareja soy: rompé el mito de la media naranja
Fecha de Publicación: 07/12/2011 | Internacionales

Crecemos escuchando que alguien “renunció a todo por él” o aquella frase de una vieja canción que dice que “nada tiene sentido si tú no estás”. Casi sin darnos cuenta, entre las imágenes novelescas y las frases repetidas, crecemos idealizando al amor, como un gran salvavidas que nos rescata de nuestro naufragio. Pero, en esa mezcla de sentimientos, nos olvidamos de vivir como sentimos, como soñamos.


Desde que nacemos, buscamos ser amados. Primero pasamos por el “incondicional amor materno” que nos “reconoce”, nos protege, nos da todo y nos asegura nuestra supervivencia sin nada a cambio. Seguimos caminando por la vida buscando que nos quieran: nuestros padres, abuelos, maestros, profesores, amigos…

Crecemos escuchando frases como “renunció a todo por él”, “te doy todo y así me lo agradeces” o aquella de una vieja canción que dice “nada tiene sentido si tú no estás, tú me das el aire que respiro”. Casi sin darnos cuenta, entre las imágenes novelescas y las frases repetidas, crecemos idealizando al amor, como un gran salvavidas que nos rescata de nuestro naufragio.

Entonces, sos incondicional, das todo por él, esperás todo de él y quedás atrapada en una gran red de expectativas mutuas… Que se esperan y no siempre se cumplen, pero igual seguís esperando: “si me quiere, me lo tiene que dar”, te repetís. Y lo que terminás recibiendo es frustración, resentimiento, dolor, angustia.

En esa mezcla de sentimientos, se escapa el deseo y, en lugar de “porque te necesito, te amo”, lo terminás “amando porque lo necesitás”. Por miedo a la soledad, porque no terminás de confiar en vos, por no animarte a abrazar la vida, a vivir como sentís, a vivir lo que soñás, lo que proyectás. Porque, en algún rincón de tu corazón, no creés que alguien pueda amarte y terminás siendo lo que el otro espera que seas. Casi sin querer, hipotecás tu vida y renunciás a tu individualidad, a tu libertad.

Entrampada en este vínculo estás “feliz de haber encontrado a tu media naranja” que te cambió la vida. Van juntos a todas partes, no deciden nada sin consultarse, hasta piden el mismo plato de comida cuando van a un restaurante, se llaman por teléfono todo el tiempo… “No somos uno sin el otro”, sonríen con la satisfacción y la certeza de haber encontrado “el amor”.

Hace un tiempo leí una definición de la palabra amor que me resulto interesante: “el amor es una emoción que sólo se puede sentir, vivir en libertad”. El amor es uno de los sentimientos más idealizados: crecés pensando que el verdadero amor es incondicional. “Te quiero, aunque me desvalorices (sé que no lo hace, a propósito, sé que sos bueno, que me querés). Te quiero, aunque no te gusten mis amigas, ni mi trabajo y creas que mis familia no te soporta (igual sé que me querés). Te quiero, aunque quieras saber de mí día y noche y que si no estoy de acuerdo con vos te enojes… Porque te quiero, no me gusta verte así. Entonces, hago la mitad de las cosas que hacía, aunque no entiendo porque igual te seguís enojando”.

Un día te mirás, y te preguntás si este es el amor que tanto esperabas vivir. Te lo preguntás mientras te sentís nerviosa por tantas explicaciones y no sabés por qué le consultas todo, hasta las decisiones más personales. Te divertía muchísimo salir con tus amigas, pero hace meses que no las ves. Esas situaciones que vivías amorosamente al comienzo de la relación, hoy las vivís con dolor.

Seguí tu intuición, cree en lo que sentís. No sos desagradecida con nadie por eso: el amor es un ida y vuelta, no estás en deuda con nadie más que con vos. Hablá de lo que sentís, leé sobre el tema, accioná desde el lugar que puedas.

La vida está en constante movimiento, y ese movimiento lo generas únicamente vos en cada decisión que tomás, que puede ser para disfrutar o sufrir, para crecer o no. Estás en pareja para compartir lo que sos, lo que querés, lo que deseás, para que juntos disfruten los logros y las elecciones individuales. Estás en pareja cuando te sentís querida y respet

Autor: Adriana Waisman
Fuente: www.entremujeres.com


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