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MÚSICA
ENTREVISTA A JOAQUÍN SABINA: `SOY UN TRAIDOR ABSOLUTO
Fecha de Publicación: 04/03/2011 | Internacionales

Lo mío, más que coleccionismo, es amontonamiento . La frase no se oye bien. Y no podía ser de otra forma si al grabador le tocó arrinconarse en esa mesa ratona, toda invadida por un Transatlántico para modelistas. El mismo dueño de casa ha hecho a la fuerza un lugar a la derecha para su hielera de champán doble apellido y doble botella. Y otro, a la izquierda, para un tótem de paquetes de Ducados.

Y sí, en la casa madrileña de Joaquín Sabina se siente uno como adentro de ese barco en miniatura, cruzando ebrio un oceáno que acomoda y desacomoda todo: libros, cuadros, cosas y cositas. Por dios, este hombre vive en un anticuario psicodélico. “Este espacio cambia todo el tiempo porque compro algo y lo pongo”, se ríe. “Tengo el síndrome de Diógenes: nunca tiro nada”. Desde Alivio de luto (y esto es 2005), sabemos que a Sabina el accidente cerebro vascular le cambió la vida. Hoy aquel nómade de bares y prostíbulos que modeló su mito es un señor de su casa, un poco a regañadientes. Hace diez días cumplió 62 años. “Digo 62 años con una naturalidad de la que carece absolutamente la cifra: ¡que son 62, hombre! Ahora llevo una vida más tranquila. Y más aburrida también. Uno de mis discursos favoritos era que quería ser un viejo verde que se disfraza de joven y ahora soy un hombre de orden, sí, ¡pero vivo! Si no fuera por mi novia Jimena (la peruana que lo acompaña desde hace más de 8 años), estaría muerto”, admite.

Si la entrevista fuera una canción, en las estrofas veríamos a Sabina oyendo, entre un sorbo y una bocanada. Pero eso dura poco. Los estribillos lo encuentran respondiendo como el gran canta-actor que es, a rastras de una carraspera que cierra siempre en carcajada, valga la aspereza de tanta “erre” que imita su “garganta con arena”. Su humor es excelente y tose risas que definen esas facciones de Manolito devenido Al Pacino.

Antes jugabas a ser el abandonado y, de pronto, fuiste el vulnerable al que protegen, una temática muy de tu ídolo, Leonard Cohen. Pasaste de la figura de la puta a la de la mamá.

Sí, las “Hermanas de la caridad” de Cohen, ¿no? Pero la Jime es más: es mamá, es amiga, es novia, es manager, se ocupa de Internet y el teléfono. ¡Y es la Gestapo! Yo he abierto heladeritas de hotel y he encontrado un “Jimeno”, que es un whisky con agua, porque ella haría la orden por teléfono al hotel para que lo hicieran, no sé. Pero ya ha llegado más lejos: ¡en todos los hoteles adonde voy ya no hay botellitas de whisky! Con la edad he descubierto los placeres de la clandestinidad.

Si te viera el Sabina del ’85, el de “Whisky sin soda”: ¡lo traicionaste! Sí, yo soy un traidor absoluto a mí mismo.

¿Y al público que le gustaría que volvieras a Boca, lo traicionaste? Lo siento, pero no es mi mayor placer llenar Boca. Agradezco mucho haberlo hecho, pero prefiero el Gran Rex. ¡Mi mayor placer sería tocar en Clásica y Moderna! Quiero una relación más amistosa con el público.

Que los conciertos no se concentren en celebraciones tribales, ¡pues no van a oír, van a cantar ellos! Prefiero que se oiga la tercera cuerda de la guitarra y la tos, pero te llaman y uno tiene su dosis de agradecimiento y vanidad y dices “¿Por qué no hacer el Luna Park?” ¿Cuesta más salir al escenario? Antes de salir, vomito de pánico. Pero vomito de verdad. Ahora, después de terminar, ya fue no pierdo tiempo en pensar que ese tipo que ha cantado ahí arriba soy yo, porque no lo soy. Por eso me pongo el bombín: para ser otro.

Seguís aconsejando aquello de “Si quieres vivir 100 años/ no vivas como vivo yo”.

Yo me considero un sobreviviente de muchas cosas. Tenía muchas cartas en contra para no haber llegado ni a los 50. ¡Y he tenido unos grandes bises! Pero me gusta ser más un cantante vivo que un cadáver mítico.

En tus letras y tus notas se ve que fuiste un excesivo bastante rutinario: whisky, cocaína, putas. No probabas todo, ¿tenías límites para experimentar? Mis amigos de los 20 y los 30 años fueron víctimas de la gran plaga que

Autor: Pablo Schanton
Fuente: diario Clarín


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