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CINE
ENTREVISTA EXCLUSIVA CON EL CINEASTA JAPONÉS TAKESHI KITANO: ´UN ARTISTA ES COMO UN LEÓN ALERTA DETRÁS DE UNA GACELA´
Fecha de Publicación: 10/04/2009 | Música, Internet, Cine & TV

Una de las primeras películas –si no la primera– de todo el Bafici en agotar sus entradas por anticipado fue Achilles and the Tortoise, la nueva realización de Takeshi Kitano, lo que confirma el fervor del público porteño por un cineasta que, paradójicamente, para los distribuidores locales ya cayó en el olvido. Desde Zatoichi (2003) que ninguna de sus películas se estrena comercialmente en Buenos Aires. Pero tanto el Bafici como el Festival de Mar del Plata se han ocupado de mantener actualizada la obra de Kitano, que desde entonces parece haber entrado en una profunda zona de autocrítica y de reflexión interior acerca de sus distintas facetas: como showman cómico, como cineasta y también como pintor.

No puede decirse que Aquiles y la tortuga sea precisamente un autorretrato, pero la nueva película de Kitano –que hoy tiene su última exhibición en el Bafici– es evidentemente autorreferencial, como lo eran también sus dos films anteriores, Takeshi’s (2005) y Glory to the Filmmaker (2007). Este nuevo aporte vendría a conformar entonces una suerte de trilogía sobre el fracaso del artista. Porque de una u otra manera, las tres tienen que ver con la frustración y la impotencia de alcanzar aquello que –como la tortuga a la que Aquiles en su carrera nunca llega a igualar– es tan inasible como el arte.

El nuevo film de Kitano se inicia de manera completamente clásica, casi dickensiana, narrando el desamparo de un niño que vive todo tipo de pérdidas y padeciendo todo tipo de sufrimientos, pero sin resignar nunca su absorbente pasión por la pintura. Que poco a poco el film –cuando el propio Takeshi asume el mismo personaje ya de grande– vaya desquiciándose, volviéndose literalmente enfermizo y oscuro (a pesar de la vibrante paleta de colores que el director le impone a la película), le da su carácter verdadero, en la medida en que casi todas las pinturas que aparecen en la película son las que el mismo Kitano pinta y no duda en destruir. Se diría que el nihilismo que siempre fue muy propio del director es aquí más intenso que nunca.

Página/12 tuvo oportunidad de conversar largamente con Kitano en el Festival de Tesalónica, Grecia, en noviembre pasado. Rodeado por su productor de siempre, Masuyuki Mori, y por un traductor que es como su segundo yo, que lo sigue a sol y a sombra por todo el mundo y que parece conocer su obra tanto como si fuera él mismo, Kitano se toma su tiempo para responder y, cuando finalmente, lo hace suele dar un rodeo, apelar a un ejemplo o metáfora, con la que ilustra su pensamiento. Lo que sigue es parte de esa charla.

–¿Sería apropiado decir que sus últimas tres películas son autobiográficas?

–Son tres películas que tratan acerca de tres actividades a las que he estado y estoy vinculado. Takeshi’s es acerca de un comediante muy exitoso que tiene una pesadilla recurrente con los fantasmas de su pasado: su ex novia, sus antiguos colegas de profesión y la gente que conoció en sus comienzos y que quedaron perdidos en el camino y que reaparecen en sus sueños como figuras simbólicas. Por eso pienso que esas pesadillas que mi personaje tiene en la película representan una suerte de sentimiento de culpa que ese comediante tiene en su carrera. La segunda película de la trilogía, Glory to the Filmaker (Kantoku-Banzai), es acerca de un director de cine obsesionado con conseguir un éxito, y con cada nueva película que hace sólo tiene fracasos. Cuanto más se esfuerza en lograr un éxito menos repercusión alcanza. El director, en esta película en particular, es el tipo que piensa que es más talentoso que otros cineastas, y que está confiado en su habilidad para hacer buenas películas, pero ninguna consigue interesar al público, como muchas veces me ha pasado a mí. Y con Achilles and the Tortoise, que es la tercera película de la trilogía, el protagonista está convencido de su talento, pero el resto del mundo no. La conclusión del film es que el mero hecho de estar involucrado en el proceso de creación es, en sí

Autor: Luciano Monteagudo
Fuente: diario Página 12


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