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¿ES QUE EL ROCK SE CONVIRTIÓ EN TEMA DE ESTADO?
Las mutaciones del rock en democracia: contracultura oficial
Fecha de Publicación: 19/12/2008 | Música, Internet, Cine & TV

Hace 25 años, la democracia volvía para quedarse y la política iniciaba un proceso de reconciliación con el rock que, como toda relación, tendría momentos de amor, odio, pasión y reacción. Entonces hubo chichoneo alfonsinista, indiferencia menemista, proteccionismo delarruista, desamparo en cromañón y legitimación kirchnerista…

10 de diciembre de 2007. Gustavo Santaolalla, Bahiano, Pablo Romero (Arbol), Alejandro Lerner y Patricia Sosa la invitan mientras canturrean una de Los Abuelos de la Nada. Ella, sentada junto a su esposo, acepta el convite y se suma al micrófono. La primera foto de Cristina Kirchner como Presidenta de la Nación, entonces, será haciendo los coros de Himno de mi corazón sobre un escenario montado en Plaza de Mayo. A algunos les pareció simpático, otros se doblaron de estremecimiento. Un año más tarde, la democracia moderna llega a su primer cuarto de siglo ininterrumpido en la historia argentina y la pregunta se dispara sola: ¿desde cuándo el rock es tema de Estado?

Nadie se sorprendió cuando, en marzo de 1973, el flamante vicepresidente Solano Lima compartió tablas con la fauna rockera local, ofreciendo un discurso en el Festival del Triunfo Peronista que, de no haber sido por una lluvia torrencial, hubiese permitido celebrar la victoria de Héctor Cámpora en el estadio de Argentinos Juniors junto a Pappo, Sui Generis, Pescado Rabioso, León Gieco, La Pesada del Rock and Roll y un largo etcétera. Es que eso fue apenas una excepción fulgurante dentro de un gobierno efímero: el Tío duró menos que su primavera y de allí hasta la reivindicación del rock nacional post-Malvinas sólo hubo tiempo para censuras, razzias y persecuciones.

Los Redondos escribieron en su mitología una página inolvidable cuando realizaron en la medianoche del 9 de diciembre de 1983 el último recital en dictadura (o el primero en democracia, depende del lado del calendario que se lo mire). Monona, una bailarina del clan ricotero, irrumpió en el escenario del Teatro Bambalinas vestida de militar y terminó su faena completamente desnuda. El mensaje era claro, pero incompleto: el rock necesitaba cambiar de ropa, pero también de piel. Si un año atrás se había subido al atrio político acompañando el pro-belicista Festival por la Solidaridad Latinoamericana (del que luego muchos se despegaron y pocos se reprocharon), ahora habría que enjuagarse la cara y asumir el reto democrático con decoro.

Pero las cartas ya estaban echadas. La política quiso recuperar espacio perdido tras siete años de desventaja. Con el rock, fértil terreno de proyección juvenil, primero disputó y luego negoció: Alfonsín derogó toda lista negra de radiodifusión vigente y en Capital se organizaron ciclos de recitales gratuitos sobre Barrancas de Belgrano. Eso, hasta que Félix Luna asumió como secretario de Cultura y los cortó con la frase: “Excitan mucho al público y provocan actos de violencia”. La historia jugó para el historiador: el Festival de La Falda tuvo su punto final en 1987, tras ocho ediciones consecutivas, a causa de serios incidentes.


El marketing político descubrió al rock nacional en plena hiperinflación. Eduardo Angeloz salió de gira proselitista con Ratones Paranoicos, Spinetta, La Torre, Man Ray, Virus, Melero, Baglietto y Los Pericos y cerró su campaña a todo trapo con un acto-show en Ferro, del que también participó Charly García. A su competidor, Carlos Menem, le bastó un modesto festival en La Boca junto a Los Auténticos Decadentes y Memphis para ganar la presidencia en 1989.

Antes de fin de año, Divididos, Las Pelotas, Attaque 77, Los Violadores, Pappo y otros artistas mantuvieron reuniones con funcionarios nacionales, donde manifestaron su malestar por las razzias en los shows y la invasión de música extranjera en las radios. Apartados de esas “rondas de negociaciones”, grupos como Horcas o La Renga pretendieron armar un camino paralelo integrando 90 en Banda. Ni unos ni otros lograron éxito en sus reclamos y de allí en más se a

Autor: Juan Ignacio Provéndola
Fuente: Diario Página 12


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